viernes, 28 de diciembre de 2012
Frankenstein (2)
El mundo que hasta entonces me había parecido sombrío, frío y desolado se convertía en un Edén; el aire, aunque el termómetro hubiese descendido mucho, era ligero y fragante; el sol, disco de cobre bruñido nada parecido a la resplandeciente figura de Apolo, ardía de forma gloriosa para mí; hasta la oscura niebla, que a las tres de la tarde derramaba sombra sobre la ciudad, me parecía un vapor ligero que velaba cualquier fealdad haciendo de la naturaleza algo fantástico y el hogar confortable y dulce. Ése es el poder de la imaginación.
¡No se ría! ¡No fue Don Quijote el único que tomó los molinos de viento por gigantes y a las maritornes por princesas! Si su frutero, de cerebro tan escaso, nunca comete el error de creer que los nabos son patatas, si su tendero no confunde el café con la mostaza, o las lentejas con las ciruelas, es porque esas personas son sanas de alma, y pesan cada cosa en la balanza de la razón. Intente encerrarlos en una cáscara de nuez, y ya verá cómo entonces no se creen los reyes del mundo. Al revés de Hamlet, ven las cosas a su verdadera luz. Es lo que yo nunca he hecho.
Aunque debo decirle que mi padre murió loco.
¡No se ría! ¡No fue Don Quijote el único que tomó los molinos de viento por gigantes y a las maritornes por princesas! Si su frutero, de cerebro tan escaso, nunca comete el error de creer que los nabos son patatas, si su tendero no confunde el café con la mostaza, o las lentejas con las ciruelas, es porque esas personas son sanas de alma, y pesan cada cosa en la balanza de la razón. Intente encerrarlos en una cáscara de nuez, y ya verá cómo entonces no se creen los reyes del mundo. Al revés de Hamlet, ven las cosas a su verdadera luz. Es lo que yo nunca he hecho.
Aunque debo decirle que mi padre murió loco.
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