viernes, 28 de diciembre de 2012
Más espantoso, más complicado, más misterioso, más infinito.
Hay un espectáculo más grande que el del mar, y es el del cielo; hay un espectáculo más grande que el del cielo, y es lo interior del alma.
Escribir el poema de la conciencia humana, aunque sea a propósito de un solo hombre, a propósito del hombre más insignificante, sería unir, fundir todas las epopeyas en una sola grandiosa y completa. La conciencia es el caos de las quimeras, de las ambiciones, de las tentativas, el horno de los delirios, el antro de las ideas vergonzosas, el pandemónium de los sofismas, el campo de batalla de las pasiones. Si a ciertas horas penetráramos a través de la faz lívida de un ser humano que reflexiona; si mirásemos detrás de aquella faz, en aquella alma, en aquella oscuridad, descubriríamos bajo el silencio exterior combates de gigantes como en Homero, peleas de dragones y de hidras, y nubes de fantasmas como en Milton; espirales visionarias como en Dante. No hay nada más sombrío que este infinito que lleva el hombre dentro de sí, y al cual refiere con desesperación su voluntad y las acciones de su vida.
Victor Hugo, Los miserables.
Escribir el poema de la conciencia humana, aunque sea a propósito de un solo hombre, a propósito del hombre más insignificante, sería unir, fundir todas las epopeyas en una sola grandiosa y completa. La conciencia es el caos de las quimeras, de las ambiciones, de las tentativas, el horno de los delirios, el antro de las ideas vergonzosas, el pandemónium de los sofismas, el campo de batalla de las pasiones. Si a ciertas horas penetráramos a través de la faz lívida de un ser humano que reflexiona; si mirásemos detrás de aquella faz, en aquella alma, en aquella oscuridad, descubriríamos bajo el silencio exterior combates de gigantes como en Homero, peleas de dragones y de hidras, y nubes de fantasmas como en Milton; espirales visionarias como en Dante. No hay nada más sombrío que este infinito que lleva el hombre dentro de sí, y al cual refiere con desesperación su voluntad y las acciones de su vida.
Victor Hugo, Los miserables.
Monstruos Invisibles (2)
Ella dice:
—Ábrete en canal. Y vuelve a cerrarte. —Y me pasa un taco de recetas y un lápiz de ojos Sueños Berenjena.
—Ábrete en canal. Y vuelve a cerrarte. —Y me pasa un taco de recetas y un lápiz de ojos Sueños Berenjena.
Frankenstein (3)
No tienes razón -replicó el demonio-. Soy malvado porque soy desgraciado. ¿No me odia y rehúye la humanidad? Tú, mi creador, me despedazarías y te alegrarías, tenlo presente; así que dime, ¿por qué tengo que compadecerme del hombre más de lo que se compadece él de mí? Si pudieses arrojarme a uno de esos precipicios de hielo y destruir mi cuerpo, obra de tus propias manos, no lo llamarías homicidio. ¿Y debo respetar yo al hombre, cuando él me condena? Que intercambie sus amabilidades conmigo, y en vez de daño derramaré sobre él todos los beneficios con lágrimas de agradecimiento por su aceptación. Pero no; los sentimientos humanos son barreras insalvables para nuestra unión. Sin embargo, no obtendrá de mí una sumisión de abyecta esclavitud. Vengaré mis ofensas; si no puedo inspirar afecto, inspiraré terror; y a ti, mi mayor enemigo, por ser mi creador, te juro un odio inextinguible. Ten cuidado; buscaré tu destrucción, y no descansaré hasta desolar tu corazón, a fin de que maldigas la hora de tu nacimiento.
Frankenstein (2)
El mundo que hasta entonces me había parecido sombrío, frío y desolado se convertía en un Edén; el aire, aunque el termómetro hubiese descendido mucho, era ligero y fragante; el sol, disco de cobre bruñido nada parecido a la resplandeciente figura de Apolo, ardía de forma gloriosa para mí; hasta la oscura niebla, que a las tres de la tarde derramaba sombra sobre la ciudad, me parecía un vapor ligero que velaba cualquier fealdad haciendo de la naturaleza algo fantástico y el hogar confortable y dulce. Ése es el poder de la imaginación.
¡No se ría! ¡No fue Don Quijote el único que tomó los molinos de viento por gigantes y a las maritornes por princesas! Si su frutero, de cerebro tan escaso, nunca comete el error de creer que los nabos son patatas, si su tendero no confunde el café con la mostaza, o las lentejas con las ciruelas, es porque esas personas son sanas de alma, y pesan cada cosa en la balanza de la razón. Intente encerrarlos en una cáscara de nuez, y ya verá cómo entonces no se creen los reyes del mundo. Al revés de Hamlet, ven las cosas a su verdadera luz. Es lo que yo nunca he hecho.
Aunque debo decirle que mi padre murió loco.
¡No se ría! ¡No fue Don Quijote el único que tomó los molinos de viento por gigantes y a las maritornes por princesas! Si su frutero, de cerebro tan escaso, nunca comete el error de creer que los nabos son patatas, si su tendero no confunde el café con la mostaza, o las lentejas con las ciruelas, es porque esas personas son sanas de alma, y pesan cada cosa en la balanza de la razón. Intente encerrarlos en una cáscara de nuez, y ya verá cómo entonces no se creen los reyes del mundo. Al revés de Hamlet, ven las cosas a su verdadera luz. Es lo que yo nunca he hecho.
Aunque debo decirle que mi padre murió loco.
Rayuela (3): Ló(gi)ca
Es ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción empieza nuestro castigo. Lamento usar un lenguaje abstracto y casi alegórico, pero quiero decir que Oliveira es patológicamente sensible a la imposición de lo que le rodea, del mundo en que se vive, de lo que le ha tocado en suerte, para decirlo amablemente. En una palabra, le revienta la circunstancia. Más brevemente, le duele el mundo.
Rayuela (2)
Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros.
Todo esto se lo voy diciendo a él pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos o llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente?
No, no hemos vivido así. Ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta del pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo.
Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, déjame entrar, déjame ser algún día como me ven tus ojos.
Julio Cortázar, Rayuela.
Todo esto se lo voy diciendo a él pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos o llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente?
No, no hemos vivido así. Ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta del pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo.
Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, déjame entrar, déjame ser algún día como me ven tus ojos.
Julio Cortázar, Rayuela.
Canto lírico al vértigo nuestro de cada día.
¿Y qué quiere decir vivir de otra manera?
Quizá vivir absurdamente para acabar con el absurdo, tirarse en sí mismo con tal violencia que el salto acabase en los brazos de otro.
Julio Cortázar, Rayuela.
Quizá vivir absurdamente para acabar con el absurdo, tirarse en sí mismo con tal violencia que el salto acabase en los brazos de otro.
Julio Cortázar, Rayuela.
K
No debe dejarse desanimar por las decepciones. Aquí hay algo que especialmente parece dispuesto para desanimar, y cuando se llega a este lugar por primera vez, los impedimentos parecen insalvables. No quiero investigar el fondo del asunto. Tal vez la apariencia se corresponda con la realidad, en mi posición me falta la distancia necesaria para comprobarlo, pero adviértalo, a veces pueden surgir nuevas ocasiones que no llegan a coincidir del todo con la situación general, ocasiones mediante las cuales, a través de una mirada, de una palabra, de una señal de confianza, se puede conseguir más que con esfuerzos extenuantes que duran toda la vida. Sí, así es.
Ciertamente estas ocasiones coinciden de nuevo con la situación general en la medida en que nunca se aprovechan del todo. Pero, ¿por qué no se llegan a aprovechar del todo?, me pregunto una y otra vez.
K no lo sabía.
Franz Kafka, El Castillo.
Ciertamente estas ocasiones coinciden de nuevo con la situación general en la medida en que nunca se aprovechan del todo. Pero, ¿por qué no se llegan a aprovechar del todo?, me pregunto una y otra vez.
K no lo sabía.
Franz Kafka, El Castillo.
El retrato de Dorian Gray.
No hay influencia buena, mister Gray. Toda influencia es inmoral... inmoral desde el punto de vista científico.
Porque influir sobre una persona es transmitirle nuestra propia alma. No piensa ya con sus pensamientos naturales, ni se consume con sus pasiones naturales. Sus virtudes no son reales para ella. Sus pecados, si es que hay algo semejante, son prestados. Se convierte en eco de una música ajena, en actor de una obra que no fue escrita para ella. El fin de la vida es el propio desenvolvimiento, realizar la propia naturaleza perfectamente, esto es lo que debemos hacer. Lo malo es que las gentes están asustadas de sí mismas hoy día. Han olvidado el más elevado de todos los deberes: el deber para consigo mismas. Son caritativas, naturalmente. Alimentan al hambriento y visten al pordiosero. Pero dejan morirse de hambre a sus almas, y van desnudas. El valor nos ha abandonado. Quizá no lo tuvimos nunca, en realidad. El terror de la sociedad, que es la base de la moral; el terror de Dios, que es el secreto de la religión... éstas son las dos cosas que nos gobiernan. Y, sin embargo...
Y, sin embargo, creo que si un hombre quisiera vivir su vida plena y completamente, si quisiese dar una forma a todo sentimiento suyo, una realidad a todo sueño propio, el mundo ganaría tal empuje de nueva alegría...
Pero el más valiente de nosotros está asustado de sí mismo. La mutilación del salvaje tiene su trágica supervivencia en la propia negación que corrompe nuestras vidas. Nos vemos castigados por nuestras negaciones. Cada impulso que intentamos aniquilar germina en la mente y nos envenena. No nos queda más que el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de una pena. El único medio de desembarazarse de una tentación es ceder a ella. Si la resistimos, nuestras almas crecerán enfermizas, deseando las cosas que se han prohibido a sí mismas, y, además, sentirán deseo por lo que unas leyes monstruosas han hecho monstruoso o ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos tienen lugar en el cerebro. Es en el cerebro, y sólamente en él donde tienen lugar los grandes pecados del mundo.
Usted, mister Gray, usted mismo, habrá tenido pasiones que le hayan atemorizado, pensamientos que le hayan llenado de terror, días de ensueño y noches de ensueño, cuyo simple recuerdo pudiera teñir de vergüenza sus mejillas.
Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray.
Porque influir sobre una persona es transmitirle nuestra propia alma. No piensa ya con sus pensamientos naturales, ni se consume con sus pasiones naturales. Sus virtudes no son reales para ella. Sus pecados, si es que hay algo semejante, son prestados. Se convierte en eco de una música ajena, en actor de una obra que no fue escrita para ella. El fin de la vida es el propio desenvolvimiento, realizar la propia naturaleza perfectamente, esto es lo que debemos hacer. Lo malo es que las gentes están asustadas de sí mismas hoy día. Han olvidado el más elevado de todos los deberes: el deber para consigo mismas. Son caritativas, naturalmente. Alimentan al hambriento y visten al pordiosero. Pero dejan morirse de hambre a sus almas, y van desnudas. El valor nos ha abandonado. Quizá no lo tuvimos nunca, en realidad. El terror de la sociedad, que es la base de la moral; el terror de Dios, que es el secreto de la religión... éstas son las dos cosas que nos gobiernan. Y, sin embargo...
Y, sin embargo, creo que si un hombre quisiera vivir su vida plena y completamente, si quisiese dar una forma a todo sentimiento suyo, una realidad a todo sueño propio, el mundo ganaría tal empuje de nueva alegría...
Pero el más valiente de nosotros está asustado de sí mismo. La mutilación del salvaje tiene su trágica supervivencia en la propia negación que corrompe nuestras vidas. Nos vemos castigados por nuestras negaciones. Cada impulso que intentamos aniquilar germina en la mente y nos envenena. No nos queda más que el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de una pena. El único medio de desembarazarse de una tentación es ceder a ella. Si la resistimos, nuestras almas crecerán enfermizas, deseando las cosas que se han prohibido a sí mismas, y, además, sentirán deseo por lo que unas leyes monstruosas han hecho monstruoso o ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos tienen lugar en el cerebro. Es en el cerebro, y sólamente en él donde tienen lugar los grandes pecados del mundo.
Usted, mister Gray, usted mismo, habrá tenido pasiones que le hayan atemorizado, pensamientos que le hayan llenado de terror, días de ensueño y noches de ensueño, cuyo simple recuerdo pudiera teñir de vergüenza sus mejillas.
Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray.
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